Capítulo 2 - Él
Ya hacían varios días de aquel encuentro con ese humano desfigurado, empapado por quién sabe que líquido, dejando una pista que solo ella lo entendería. Los chicos tenían que volver a clases, volver a la rutina, este será su último año,su última oportunidad para demostrar que son capaces de valer por su cuenta. En esta sociedad de zombies es normal, todos están de alguna forma muertos o vivos, depende de como lo vea cada quién, estudiar para ellos es solo otra forma de sentirse vivos, (útiles incluso) es algo triste, pero ese es el precio por la vida eterna, el sentimiento de que cada vez vas perdiendo esa chispa que te hace sentir vivo, un recuerdo amargo de que son solo cuerpos que se mueven por quién sabe que motivo.
Pero no hay tiempo para hablar de esas cosas, vida, muerte, zombies o humanos, en este mundo todo eso tiene tanta importancia como un clip de cabello,ya todos están acostumbrados a vivir así, nadie cuestiona, nadie protesta ¿O sí? .
En lo alto de un viejo pero importante edificio, el reloj en la pared marca las cinco en punto de la mañana, platos agitándose, ruidos en la estufa y un ambiente animado, muy animado para la hora en la que se encuentran, pero como no sentirse feliz, si es hoy, hoy, el primer día de clases para Cachi y Zully. Cachi por su lado estuvo toda la noche pensando en todas las cosas que quería hacer, las que aprendería, la comida de la cafetería y por supuesto volver a ver la gran biblioteca de tenebra. Un lugar tan grande y lleno de conocimiento, la cuna de la educación y de la historia del mundo, desde la creación hasta el momento actual, cualquier información la podrás encontrar ahí, Cachi al ser un niño tan curioso, es de todos los lugares, su favorito. Por otro lado tenemos a Zully quien si bien no parece ser una chica que muestre mucho de si misma, la idea de volver a clases le emociona medianamente, esto solo por una razón y esa es "zero" un chico que llegó hace un año al instituto y desde entonces Zully a tenido una especie de fascinación por el, una especie de encanto que ella aún no logra definir, solo sabe que le gusta estar cerca de el, aunque a este le de igual el que ella este ahí o no.
La alarma suena, son las seis y media, la emoción en las caras de los dos no hace más que formar una sonrisa de orgullo en la cara de su padre. Despidiéndose ambos de Marlon, van camino a su primer día de clases, en el camino se encuentran con varios amigos, compañeros y "colegas de travesuras" entre ellos, Valentín y Genesee, la pareja de tortolitos, los chicles, los que nunca se separan ni para comer. Sabrina, quien justo se estaba despidiendo de sus quince hermanos y veintiséis hermanas. Kenzie, quien como siempre pasaba indiferente ante los demás, con tantos aires de grandeza que es sorpresa que no esté justo ahora volando por el cielo y por último Peggy, la cual estaba aún con su uniforme de trabajo, nada serio, solo un trabajo de medio tiempo en un local de comida rápida.
En este momento todo se siente como antes, la misma rutina, pero después de todo un nuevo año, nuevas experiencias, nuevas emociones y por supuesto nuevos compañeros, el ambiente habría sido perfecto sino fuera por ese pequeño detalle, el cambio es algo que si bien Cachi puede aceptar con mucha facilidad, no es lo mismo para Zully, una ola de nuevos compañeros hace que su corazón se agite y quiera salir, mirando a todas las direcciones como si tratara de encontrar algo que simplemente no puede encontrar, un escape a esta nueva realidad.
— vaya, si que hay caras nuevas — susurró Sabrina a Cachi.
— sí, pero no creo que sea algo de que preocuparse ¿No? — Respondió Cachi dirigiendo su mirada a Zully, dándole unas palmaditas tratando de calmar a su hermana.
Zully al no poder hablar solo se comunicó de la forma en la que mejor sabe hacer, con su mirada, una que solo Cachi y Marlon podían leer. En ella se encontraba una mezcla de emociones que rápidamente se iban aclarando a medida de que Zully centraba su atención en su lugar seguro, Zero, el chico que hace de su mundo un lugar más estable, todos los pensamientos que habían ya no estaban, o al menos fueron reemplazados con otros, unos que de nuevo, ella aún no sabía que eran. Para Cachi no fue más que un alivio no tener que lidiar con otra crisis de su hermana, no porque no la quisiera, sino porque quiere que ya no las tenga, siempre y cuando ella logre controlar esas emociones, podrá pasar el exámen final para ser un zombie adulto y obtener su cuerpo nuevo.
Porque si, en este mundo los zombies no crecen como los humanos, los zombies no tienen hijos biológicamente. Pueden sangrar, tener órganos funcionales, pueden sentir, pueden escoger cuando terminar con su inmortalidad. Pero para eso deben crecer. Crecer en mente y alma, aceptar lo que son y lo que serán. Un ente que debe de tener un propósito, un sueño, un motivo, algo que haga valer la pena años y sacrificios de investigación. Todos ya saben lo que quieren ser pero ¿Y Zully? ¿Qué es lo que ella quiere hacer con su vida? Ella no escogió nacer, ni nacer siendo así, una zombie, que sin un propósito quedará en un limbo en donde siempre será vista como una niña. Cuyas ideas son carentes de peso, su voz se ve insignificante y su autoestima aplastada por no ser lo que la sociedad espera que sea al momento en el que ellos lo consideran correcto.
Y sin previo aviso, una sirena se escucha a lo lejos, los nuevos alumnos confundidos sin saber que pasa, mientras que los antiguos ya sabían que era, un minuto de silencio obligatorio. Por aquellos que decidieron no volver a tenebra. El ambiente pasó de un día de alegría y emoción a una mezcla de tristeza y enojo. Cachi entre ellos era quien casi no podía ocultar su descontento, con una lágrima cayendo mientras su mirada estaba fija a la pizarra, era solo cuestión de tiempo para que aparezca el profesor Zaid para que todo vuelva a ser mejor. Y así como una burla del universo, entra por la puerta, no Zaid, sino otro profesor, uno que no logran reconocer, es un hombre joven, casi de la misma edad que Zaid, aún así no es el y el descontento era evidente en la sala, solo hacía falta que alguien dijera la primera palabra.
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